Dida: el ídolo de Zico

El Clube de Regatas do Flamengo es el equipo más expresivo de Brasil. En sus más de cien años de existencia, del más anciano al más joven, los cinco mayores ídolos han sido: Domingos da Guia, Leônidas da Silva, Zizinho, Dida y Zico. Entre tales dioses rojinegros, el alagoano Dida -Edvaldo Alves de Santa Rosa-, que nació en Maceió el 26 de marzo de 1934, fue el único sin longevidad en el seleccionado brasileño, sólo 8 partidos, marcando 5 goles. Eso por una razón de peso: Dida tuvo la desgracia histórica de ser mediapunta en la época de Pelé, el genio que alcanzó la gloria a los 17 años.

Pero el alagoano también se consagró aún joven. Sólo que el noreste brasileño es una región donde la economía desheredada inhibe todos las manifestaciones vitales, hasta en el fútbol. Así que Dida, hijo de Erlinda y Jaime, había aparecido en el pequeño América, de Maceió. Luego, el CSA -Centro Sportivo Alagoano- fue el club que le dio la alternativa para debutar al máximo nivel en 1952, para ser en seguida campeón estatal y pichichi con 9 tantos. Dos años más tarde, en el Campeonato de Selecciones de Estados, Dida actuaría en el equipo de Alagoas contra el de Paraíba. En ese partido, el interior de 1,75m hizo 3 goles que impresionaron a una pareja de jugadores del equipo de voleibol del Flamengo carioca, los norteamericanos Mary y John O´Shea, de excursión por Maceió. En seguida, en Río, la directiva rojinegra le contrató. Para Dida, iniciando su carrera en el aspirante del equipo de la Gávea, llegar a la cima era un obstáculo infranqueable: en su posición estaban Evaristo -futuro astro de Barcelona y Real Madrid- y el paraguayo Benítez. Pero para el brujo y entrenador del Flamengo, Fleitas Solich, Dida a los 20 años era el sustituto ideal de esos jugadores que, lesionados, eran baja para jugar contra el Vasco da Gama, el 17 de octubre, en el Campeonato Carioca de 1954. Y el alagoano se estrenó y ganó ese partido que daba al Mengo el bicampeonato. Con él, Fleitas Solich alineó a otro norestino: el casi enano Babá, que dejaría al extremo izquierdo Mário Jorge Lobo Zagallo (alagoano como Dida) fuera de la disputa de ese clásico del fútbol de Río de Janeiro.

Aunque aclamado por la multitud, Dida se quedaría aún por un tiempo como suplente de lujo. En 1955, jugó el partido decisivo, en el primer equipo, contra el América carioca, e hizo cuatro goles (uno de ellos atribuido erróneamente al pernambucano Duca) en la victoria de 4 a 1, hecho que dio al club el tricampeonato. La salida de Benítez para el Náutico de Recife le permitió jugar más veces de titular en 1956 y 1957, pero Evaristo -por entonces, el as de la selección brasileña- sólo iría jugar en España más adelante. En 1958, finalmente titular absoluto en el ataque rojinegro, Dida pudo exhibir su técnica apurada, agilidad, poder de creación, dribles y chuts perfectos, además de habilidad en el cabeceo, velocidad en los desplazamientos y un sentido solidario de bajar del ataque para ayudar al centrocampo.

Con tales méritos, en mayo de ese año -cuando era el artillero incontestable del Flamengo en el Campeonato Carioca- se estrenó en el seleccionado nacional, venciendo a Paraguay en la Copa Oswaldo Cruz. Ya en esa pelea, Dida fue sustituido por Pelé en el segundo tiempo. Con todo, cuando se formó el combinado brasileño para el Mundial de Suecia, el alagoano figuraba como titular y por eso jugó el primer partido con Austria. Pero ese día el mediapunta del Fla se sacrificó, se calzó el pie derecho con una bota de esparadrapo, con el fin de soportar los dolores de una inflamación. Y, sin rendir al nivel esperado, Dida, abnegado, combativo y valiente, abrió espacios permitiendo al delantero centro Mazzola (Altafini) hacer dos de los goles de una victoria 3 a 0. Sobre su sacrificio, Didi -el cerebro del equipo- decía que "sin los movimientos de Dida, Brasil no habría marcado contra Austria". Después del partido, el interior se mostraba exhausto y empeoró de la lesión. Resultado: no actuó contra Inglaterra, dando paso a Vavá, improvisado en la media. A partir del tercer encuentro, la desilusión: Pelé se afirmó al lado de Garrincha y del propio Vavá. Se dice que esto pudo traumatizar Dida, hasta pedir su salida del grupo en medio del Mundial. Pero es cierto que el interior del Flamengo sufrirá el resto de su vida de ese sentimiento de fracaso.

Compensando el fiasco personal con la selección de Brasil, en 1959, el crack será otra vez el goleador de los rojinegros en el Campeonato Carioca. A esa altura, como tantos jóvenes cariocas, en el barrio de Quintino un chaval de 6 años, rubio e hijo de un portugués, tenía a Dida como su ídolo inolvidable. Ese niño era Zico, que 25 años más adelante sería el rojinegro a superar la marca dos 244 goles que el alagoano Edvaldo Alves de Santa Rosa hiciera para el Flamengo. Dida aún volvería a la selección nacional, siendo ésta la última vez, contra Paraguay, el 29 junio de 1961, año en el cual conquistó para el club de la Gávea el Torneo Rio-São Paulo. La temporada siguiente, fue de nuevo el pichichi del Flamengo. Y disputó su último Campeonato Carioca rojinegro en 1963, ya que fue transferido al club paulistano, Portuguesa de Desportos, a principios del año de 1964.

En la Lusa de São Paulo, el excepcional Dida no fue ni la sombra de lo que era en Río. Aunque, como goleador implacable, firmó 54 tantos para el equipo del estadio Canindé. En la Paulicéia, quedaría hasta fin de 1965, cuando se mudó para Colombia, en el Atlético de Barranquilla, terminando en 1968, sin brillo, una carrera con inicios fulgurantes. En Río de Janeiro, Dida, que no supo economizar dinero para tener una mejor vida, fue aprovechado para manejar las divisiones inferiores del Mengo, trabajo donde permaneció más de 20 años. En ese periodo, se fue unos meses de la Gávea, en 1976, para entrenar sin éxito el Taguatinga de Brasília. Intentó también establecerse en una casa de lotería -la Didasorte-, pero resultaría un tremendo fracaso empresarial.

En el plan afectivo, el segundo mayor artillero de la historia rojinegra amó a Lydia Tomowsky, con quien tuvo sus hijos Luiz Cláudio y George Alberto. Ella quiso orientar los negocios gestionados de forma pésima por Dida. Y en toda la vida, no le dejó vender dos inmuebles que poco rendían. Pero en 1991, cuando Dida tenía problemas financieros y de salud, Lydia murió. Así que no pudo ver en 1993, con el nombre del viudo, la inauguración de un museo en Maceió, la bella capital alagoana.

El 19 de septiembre de 2002, el cuerpo de Dida -reducido a 49 kilos y víctima de la hepatitis- hizo su último desplazamiento del salón de honor de la sede del Flamengo hasta el cementerio. En la memoria nacional, sin embargo, el crack constará de forma eterna como un ejemplo del arte de jugar el fútbol.
Fuente: Antonio Falcao


Flamengo x Corinthians - Torneo Rio-Sao Paulo de 1961 (2º gol de Dida)

1 comentario:

Leonardo dijo...

Muy bueno el blog; felicitaciones.
Ya he incluido un enlace a él desde el mio.
Saludos.

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