Andrade, la "Perla Negra" uruguaya

Uruguay es un caso muy particular en el fútbol mundial. Sus escasos 3 millones de habitantes en algo más de la mitad del territorio de Italia, no fueron impedimento para conquistar los máximos logros en el más popular de los deportes. Esos grandes triunfos deportivos permitieron a muchos conocer a la más pequeña de las naciones sudamericanas, mientras que para los uruguayos fueron una afirmación de su identidad nacional.

Víctor Rodríguez Andrade nació en el seno de una familia en la que el nombre de un futbolista legendario como su tío José Leandro Andrade, constituía toda una responsabilidad y un ejemplo de admiración. José Andrade fue el primer crack negro del mundo, y el primer futbolista llamado “la Maravilla Megra”, siendo predecesor de Eusebio o Pelé.

Andrade era el dueño de la banda derecha de Uruguay, camiseta con la que obtuvo la primer Copa del Mundo en 1930, además de 2 torneos Olímpicos (1924 y 1928) y 3 Copa América (1923, 1924 y 1926). Precisamente el apodo de “Maravilla Negra” surgió en los Juegos Olímpicos de París donde maravilló a la prensa europea, que hasta el momento desconocía el nivel del fútbol sudamericano.

Tal era la admiración de Víctor por su tío, que pese a que su apellido era Rodríguez, adoptó su nombre futbolístico en honor a su tío. Sin embargo, pese a la sangre de crack en sus genes, a Rodríguez Andrade le resultó muy difícil desprenderse de la comparación, que no era solo por aspectos familiares o de raza, sino que Víctor jugaba en la misma posición que su tío, en el lateral, lo que antiguamente se llamaba half izquierdo.

Quizá por las condiciones físicas que tienen los negros, los Andrade era unos verdaderos atletas, pero con la virtud de poder utilizar esa velocidad y sus grandes condiciones físicas para desbordar permanentemente por las bandas, gambetear en el momento preciso, ganar en el cuerpo a cuerpo, y tener aire para volver y neutralizar al punta rival, cuestión muy poco frecuente en la época. Todo aquello nació en los campos de juego improvisados, con ropa en lugar de postes y pelotas de trapo, donde se forjó su técnica depurada, que luego sería exhibida en las canchas del mundo.

Sin duda el hito que marco la vida de este jugador fue el Mundial del 50, en Brasil, donde se consiguió la mayor hazaña en la historia de los Mundiales. Fue la única vez que una Copa del Mundo definió el podio mediante una liguilla, y no con eliminación directa. De esta forma se llegó al último partido, entre Uruguay y Brasil, donde a la canarinha le alcanzaba un empate para ser campeón.

El dueño de casa estrenaba el estadio más grande del mundo, y era una fija, ya que además venía goleando a todos sus rivales.

El trabajo fundamental de Andrade, quien fue titular indiscutible en los 4 partidos, fue anular al crack brasileño Zizinho; objetivo que consiguió a excepción de una vez, cuando Zizinho habilitó a Friaça, para que apenas comenzado el segundo tiempo pusiera en ventaja a Brasil. Pero quizá lo ocurrido inmediatamente después del gol, fuera fundamental para el desenlace. Según contaba el propio Rodríguez Andrade: “Tal vez sea el único que lo diga, pero 100% de seguridad que es cierto. Cuando Friaça picó, el línea levantó el banderín. Y en ese segundo que perdí, se me fue los metros suficientes como para llegar de cara a Máspoli… Cuando aquello parecía derrumbarse, Jacinto (en referencia al capitán Obdulio Varela) se me acercó y me dijo: ¿Qué pasa? Fue offside, Jacinto, fue offside”. A raíz de esto, Varela “protestó, discutió con medio mundo, demoró, todo con el fin de enfriar el partido; cuando enfiló al medio, siempre con la pelota bajo el brazo, con su vozarrón tapó los gritos, a esa altura silbidos por la demora, y dijo, vamos que a estos japoneses les ganamos”. Sobre esa situación, el propio Andrade dijo que “esperé, nadie se movió, fui a protestar y cuando llegue al centro del campo, eso era un cementerio”.

Lejos de disminuir su rendimiento ante el gol y arengado por su capitán, Andrade se convirtió en un candado para el fondo charrúa y se dio el lujo de desbordar por su lateral en reiteradas ocasiones exigiendo al fondo brasileño, que finalmente caería ante Schiafino y Gigghia. Este triunfo catapulto a la historia a todos sus integrantes y por primera vez Rodríguez Andrade, dejó de ser el sobrino de José Andrade, y paso a ser “la Perla Negra”.

Cuatro años más tarde en Suiza 54, Uruguay defendía el título con la base del Mundial anterior, y el agregado de Juan Hohberg por Gigghia y en lugar de Matías Gonzalez, José Santamaría, quien luego jugaría muchos años en el Real Madrid de Puskas y Distéfano y dirigiera al seleccionado español. En dicho Mundial, Andrade volvió a jugar todos los partidos, incluso la semifinal entre Uruguay y Hungría que fue catalogado como “el más bello espectáculo futbolístico que vieron los tiempos”.

Los magiares estuvieron en ventaja de 2 goles hasta el último cuarto de hora. Allí, según la prensa de la época, de la mano de un partido espectacular de Rodríguez Andrade, Uruguay logra empatar con goles de Hohberg y Schiafino e incluso en los descuentos Schiafino tiene la victoria en sus pies luego de burlar al portero, pero su remate culmina con el balón clavado en el fango. De esta manera fuerza el alargue en donde Rodríguez Andrade termina jugando desgarrado. Finalmente, Hungría se impone 4 a 2 y le propina a Uruguay su primera derrota en la historia de las Copas del Mundo, relegándolo al cuarto lugar.

Una vez retirado de la actividad futbolística, Rodríguez Andrade, comenzó a trabajar como ujier en el Palacio Legislativo (Congreso). Allí permaneció durante cerca de 20 años.
Fuente: Don Balón

2 comentarios:

Russ Slater dijo...

Hey,
Always great to get some more info on 'The Black Marvel'. What a player eh? I wish more people knew about his story and also of Uruguay's role in pioneering black footballers! I wrote my own little topic about this whole thing On the Road to Find Out. I hope it's of some interest. Thanks for the info!

Russ

Anónimo dijo...

Los Juegos Olímpicos de Amsterdam, en 1928, le dieron la razón. Lo jugaron "la crema" de Europa, pero a la final llegaron los dos únicos equipos sudamericanos que se presentaron: Uruguay y Argentina. Y para definir el título -que llegó por un solo gol de diferencia- fue necesario que jugaran 210 minutos (1-1 el primer partido con alargue y 2-1 para que Uruguay saliera campeón otra vez de las olimpiadas en el partido de desempate).
Pueden leer más en www.copamundialfutbol.org

Publicar un comentario en la entrada