El Mundial del 82

Mefisto, de István Szabó, una obra maestra sobre el arte y la traición, ganaba el Oscar de Hollywood, mientras en Alemania se apagaba temprano la vida de Fassbinder, un creador de cine de tormento y talento. Se suicidaba Romy Schneider, Sofía Loren marchaba presa por evadir impuestos. En Polonia iba a la cárcelo Lech Walesa, el jefe de los sindicatos obreros. García Márquez recibía el Nobel en nombre de los poetas, mendigos, músicos, profetas, guerreros y malandrines de América Latina. Matanza del ejército en una aldea de El Salvador: más de setecientos campesinos caían acribillados, la mitad eran niños. En Guatemala, el general Ríos Montt asaltaba el poder, para multiplicar la carnicería de los indios: proclamaba que Dios le había confiado el mando del país y anunciaba que el Espíritu Santo iba a dirigir sus servicios de inteligencia. Egipto recuperaba la península de Sinaí, ocupada por Israel desde la guerra de los seis días. El primer corazón artificial latía en el pecho de alguien. Fuentes bien informadas de Miami anunciaban la inminente caída de Fidel Castro, que iba a desplomarse en cuestión de horas. En Italia, el Papa sobrevivía a su segundo atentado. En Espña, recibían condena de treinta años los oficiales que habían organizado el asalto al Congreso de Diputados y Felipe González iniciaba su fulminante carrera hacia la presidencia del gobierno, mientras se inauguraba en Barcelona el duodécimo Campeonato Mundial de Fútbol. Participan veinticuatro países, ocho más que en el anterior, pero América no salió beneficiada en el nuevo reparto: hubo catorce equipos europeos, seis americanos y dos africanos, además de Kuwait y Nueva Zelanda. En la primera jornada, el equipo argentino, campeón mundial, cayó derrotado en Barcelona. Pocas horas después, muy lejos de allí, en las islas Malvinas, los militares argentinos fueron vencidos en su guerra contra Inglaterra. Los atroces generales, que en varios años de dictadura habían ganado la guerra contra sus propios compatriotas, se rindieron mansamente ante los militares ingleses. La televisión trasmitió la imagen: el oficial de Marina Alfredo Astiz, violador de todos los derechos humanos, inclinaba la cabeza y firmaba el documento de la humillación. A lo largo de los días siguientes, la tele mostró las imágenes de la Copa del 82: la túnida al viento de jeque Fahid Al-Ahmad Al-Sabah, que invadió la cancha para protestar un gol de Francia contra Kuwait; el gol del inglés Bryan Robson al medio minuto, el más rápido de la historia de los mundiales hasta entonces; la indiferencia del arquero alemán Schumacher, después de haber desmayado de un rodillazo al delantero francés Battiston (antes de ser guardameta, Schumacher había sido herrero). Europa ganó los primeros puestos del campeonato, aunque Brasil exhibió el mejor fútbol en los pies de Zico, Falcao y Sócrates. La selección brasileña no tuvo suerte pero deleitó al público, y Zico, que venía de ganar el título de mejor jugador de América, supo justificar una vez más la zicomanía de las tribunas. La Copa fue para Italia. La selección italiana había empezado mal, a los tropezones, de empate en empate, pero repuntó después, gracias a su buena armazón de conjunto y a las oportunas ráfagas de Paolo Rossi. En la final contra Alemania, Italia se impuso 3 a 1. Polonia, guiada por la buena música de Boniek, entró en tercer lugar. El cuarto puesto fue para Francia, que había merecido más por la eficacia europea y la alegría africana de su memorable línea media. El italiano Rossi encabezó la lista de goleadores, con seis goles, seguido por el alemán Rummenigge, que metió cinco tantos y prodigó fulgores.
Fuente: Eduardo Galeano


Final - Italia x Alemania

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada