René "El loco" Houseman

César Menotti estaba inquieto. La plantilla de Huracán permanecía concentrada en el hotel para preparar el partido del día siguiente, pero una de las grandes estrellas del equipo no se había presentado. El paso de los minutos no hizo sino aumentar la preocupación de Menotti, que se dirigió a su colaborador Poncini y le pidió que le acompañara, porque creía saber dónde encontrar a René Houseman. Se dirigieron al Bajo Belgrano, la villa de la que procedía Houseman, y al llegar allí vieron que se estaba disputando un partidillo de barrio, el picado habitual de los fines de semana. Menotti se fijó en los jugadores y vio que entre ellos no estaba Houseman. Respiró aliviado, pero la tranquilidad le duró poco, lo que tardó en dirigir sus ojos hacia el banquillo de suplentes.

Houseman estaba sentado en el banquillo, Menotti se acercó hasta él y le preguntó qué hacía allí. René le contestó: "¡Viste cómo juega el 11!". Houseman pensaba que Menotti le estaba reprendiendo por su suplencia y no por haberse ausentado de la concentración del equipo, que al día siguiente disputaba un partido de Primera División, para jugar una pachanga con los amigos del barrio. Esta anécdota, que cuenta Ángel Cappa en su maravilloso libro 'La intimidad del fútbol', refleja a la perfección cómo ha sido Houseman, apodado 'El Loco' o 'Hueso', un hombre para el que la vida ha sido como el fútbol, un juego.

Considerado uno de los mejores extremos derechos de la historia del fútbol argentino, Menotti le definió como "una mezcla de Maradona y Garrincha", mientras que Carlos Babington, otro icono de Huracán, le señaló como "el jugador más talentoso de todos". A esta colección de elogios se sumó el que recibió del Gitano Miguel Ángel Juárez: "Para mí nunca existió un jugador del estilo de Houseman. Pelé, con todo su talento, no es capaz de inventar en velocidad como René. Es el único que gambetea en el aire, sin tocar el piso. Aún admirando a Pelé, René es más dotado, más loco, más genial, más inventor con la pelota".

Pero la admiración con la que se dialogaba de su fútbol brillante, imaginativo, directo, rápido y desequilibrante desaparecía cuando se hablaba de su desordenada vida privada. Una vida atropellada, disfrutada al máximo y en la que siempre se ha mostrado tan imprevisible como sobre el césped. Houseman, que siempre presumió de ser villero y nunca ocultó su origen humilde, nunca logró familiarizarse con el significado de la palabra responsabilidad. Nacido en La Banda (Santiago del Estero), se trasladó de niño a una villa del Bajo Belgrano, en Buenos Aires, y dicen que fue precisamente esa condición de villero la que esgrimieron los responsables de Excursionistas para no admitirle en el equipo. Houseman dirigió entonces sus pasos hacia el rival, Defensores de Belgrano. De ahí pasó a Huracán, con el que salió campeón de Argentina en 1973 y vivió la época más brillante de este club y la suya propia. Internacional absoluto, participó en el Mundial de 1974 y en el triunfo de Argentina en el de 1978.

En 1980, con sólo 27 años, inició una peregrinación en las últimas cinco temporadas de su carrera que le llevó a River Plate, Colo Colo de Chile, de nuevo Huracán, Independiente, Amazulu de Sudáfrica y Excursionistas, el club que le había rechazado y en el que puso fin a su trayectoria profesional.

Las fiestas y aquel golazo a River

Dejó para el recuerdo acciones memorables sobre el césped y una importante colección de anécdotas sobre su forma de entender la vida. Fue un genio del fútbol y la única opción era aceptarle como era. Nunca cambió, porque tampoco lo intentó, y todo lo que conllevaba el profesionalismo jamás le interesó. Y lo que menos, la disciplina.

Aseguran que no soportaba las concentraciones y mucho menos pasarse las noches de los viernes y los sábados encerrado en un hotel. Cuentan que se escapaba para disputar partidos de barrio, pero también para salir de fiesta. En una de esas ocasiones dicen que se le fue la mano en un cumpleaños y regresó a la concentración en no muy buenas condiciones. Ese día, además, Huracán se enfrentaba a River Plate por la mañana y no por la tarde, como era habitual. Sin apenas tiempo para dormir ni para recuperarse de las consecuencias de la ‘dura’ noche, Houseman saltó al campo y más que jugar lo que hizo fue vagar sobre el césped. Así fue hasta que casi al final recibió el balón, se deshizo de dos centrales, Perfumo y Ártico, y superó al Pato Fillol en el mano a mano. River aún tuvo tiempo para empatar, pero el encuentro siempre fue recordado por el golazo marcado por un Houseman casi recién llegado de fiesta. Fillol declaró al respecto: “Me parece terrorífico que eso haya pasado. No habla bien de Houseman ni del cuerpo técnico”. El mismo René contó después que tras convertir el gol se hizo el lesionado, pidió el cambio y se fue directamente a casa a dormir.

Así era Houseman, al que en la actualidad, a sus 55 años, se le puede ver como un aficionado más en los partidos de Huracán.
Fuente: Futblogging

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