Luís Pereira: el mago del Atleti

En Juazeiro, en el norestino estado de Bahia y en el margen derecho del río São Francisco, quien -el 29 de junio de 1949- vio aquel bebé venir al mundo con la tibia torcida, jamás imaginaría que él se volviera uno de los mejores zagueros del planeta. Pero la familia del recién nacido Luís Edmundo Pereira no se quedó mucho en esa ciudad del sertão siempre a merced de las consecuencias sociales de la sequía. Y, con los padres, la familia esperanzada se fue para São Paulo, que aún era el dorado brasileño, con empleos y oportunidades de sipervivencia.

Pronto, el de Juazeiro supo en los partidillos que su puesto en el fútbol sería el de zaguero. Y apareció en el equipo benjamín de la General Motors, en São Caetano do Sul, ciudad de la región metropolitana de São Paulo. Por eso, lo llamarían "Chevrolet", un coche de esa multinacional. Pero, necesitando trabajar, Luís tuvo que olvidarse de ese equipo de niños y así hacer de tornero mecánico y, después, ensacador de harina. Y, con las ganas de ser jugador profesional, cada día libre, hacía un test en un club. Así fue como le contrató el club azul y blanco São Bento, de Sorocaba, en 1967. En esa ciudad paulista del interior, le llamarían "Luís Chevrolet". Hasta mediados del 68, cuando el Palmeiras lo adquirió para ser suplente de Baldocchi. Ya actuó las primeras veces para vencer el prestigioso torneo Roberto Gomes Pedrosa de 1969. Por fin, el nuevo defensa se impuso con su nombre de bautismo: Luís Pereira. Y con sus 1,81m, los pies virados para dentro por culpa de la tibia deformada, con técnica, firmeza en el drible, óptimo cabeceo, perfección en el posicionamiento y la cobertura, el bahiano jugó con mayor frecuencia en el equipo verdiblanco -ese bonito equipo llamado "la Academia"- durante el Campeonato del Estado de São Paulo.

En 1970, mientras Baldocchi era suplente en la seleção del Mundial de México, Luís Pereira pisó firme en el Palmeiras. Al año siguiente, ya fue titular absoluto. Y con un estilo distinto al de esta posición: iba al ataque en arrancadas súbitas, siendo por eso hasta hoy el zaguero nacional con el mayor número de goles marcados. Desde el inicio de su carrera, esa lista de cualidades, lo convirtió en el defensa más seguro de la historia del Palmeiras. Él fue la base de aquel equipo que contaba con astros radiosos como Leão, Dudu, Leivinha y Ademir da Guia en las conquistas de los Campeonatos Brasileños (1972-1973) y Paulista (1972 y 1974). En la consecución de ese último, Luís tuvo un papel básico en la jugada del gol del Palmeiras contra el Corinthians, en la final: fue él quien robó el balón a Rivellino en el centrocampo y, conduciéndola, se fue al ataque, donde la cedió al punta Jair Gonçalves y éste la ofreció en bandeja para que Ronaldo marcara. Eso marcará la historia de Palmeiras y ayudó también a Luís Pereira a ser un ídolo en la seleção, en la cual se estrenó en junio del 1973, en Túnez. Así que, cuando al año siguiente demostró claramente su categoría en el Mundial de Alemania, el resto del mundo también lo admiraría. Hasta al punto de entender la expulsión del defensa negro que -a los 25 años- perdió la cabeza contra la magnífica selección de Holanda en dicho Mundial del 74.

Con el historial de títulos y el paso por la selección brasileña, el prestigio de Luís era enorme en España cuando el conjunto paulista hizo allí una gira en 1975 -venciendo por tercera vez el torneo Ramón de Carranza, en Cádiz. En esa ocasión, boquiabierto con el desempeño de los palmeirenses -sobretodo al vencer al Real Madrid por 3 a 1-, el célebre crack y técnico del Atlético madrileño, Luis Aragonés, convenció al vice-presidente Salvador Santos Campano de adquirir a Pereira y a Leivinha. Así, esos ídolos de Brasil firmaron contrato con los rojiblancos españoles. A partir de entonces, ambos se ilustrarían en los campos europeos -y en particular, obviamente en el estadio atleticano, el Vicente Calderón, donde ambos se estrenaron, el centrocampista Leivinha firmando tres goles en la victoria 4 a 0 sobre el Salamanca.


Al llegar al club, sin embargo, el defensa quizás no imaginaba que, con la apertura política, consecuencia del fin del franquismo, el fútbol español también se abría al mundo. Tanto que el Barça se hizo "holandés" con los extraordinarios Cruyff y Neeskens. El Real Madrid, "germano", trayendo a Breitner y Netzer. Y el Atlético -que, años antes, contó con los brasileños Ramiro y Vavá- optó por los suramericanos. De tal forma que Luís -jugando como líbero- y Leivinha se unieron a los argentinos Ayala y Heredia (más tarde vendría el paraguayo Benegas también) para hacer de ese Atlético madrileño el campeón incontestable de la Liga Española en la temporada 1976-1977.


A esa altura, Pereira era "el Mago" de la hinchada "Peña Atlética", que fue creada en su homenaje. Y, como en Brasil, todos lo aplaudían cuando subía al ataque. Todos, menos el portero del Atlético Miguel Reina, que casi moría de infarto ante tales arrancadas. Y con ese estilo ofensivo, en julio de 1977, Luís jugaría su último partido con Brasil, cumpliendo 38 partidos -de los cuales ganó 24. A partir del 78, el líbero negro, vistiendo la camiseta nº5, sería el capitán del Atlético de Madrid. Sin embargo, eso duró sólo hasta 1980, cuando, enfrentando una crisis económica, el club terminó en 13º lugar en la Liga, siendo entonces tal puesto el más bajo de su historia. Así que, al fin del primer semestre del 80 -con 171 partidos y 17 tantos para el Atlético-, "el Mago" dijo adiós a España y aterrizó en Río de Janeiro para defender, por cinco meses pero sin éxito, el Clube de Regatas do Flamengo.


Tras la experiencia carioca, el Palmeiras de "la Academia", deshecho, lo contrataría en 1981. Y una vez más, en el Parque Antarctica, ese crack excepcional, siempre sonriendo, con piernas torcidas y el cuerpo desarticulado cautivó el público y el pueblo, siendo a partir de allí el líder del Palmeiras con el nombre de Luisão. Aunque, el equipo blanquiverde de la época era mediocre y sin estrellas, y no tenía nada que ver con lo que fue otrora. Y en él, Luisão dio aún buena imagen, aunque sin ese ímpetu característico para atacar, por el peso de los años que le pasaba factura. Así fue hasta 1984, cuando falló en una jugada frente al Santos, tirando contra su propia portería un balón que acabaría en el travesaño. La directiva del Palmeiras, pensando que era viejo, se deshizo de Luís Pereira. Pero la ingratitud y la injusticia del fútbol no pueden negar eso: en casi 11 años de blanquiverde, el zaguero central disputaría 562 partidos. Y marcó 34 goles, que aún es el récord de los defensas en Brasil.


En 1985, el bueno del bahiano Luís Edmundo Pereira, con derroche de firmeza y liderazgo, fue uno de los artífices de la Portuguesa de Desportos que llegó a ser subcampeón paulista. Año siguiente, para la tristeza de los palmeirenses, se vistió con la camiseta blanquinegra del Corinthians, donde firmó buenas actuaciones en una sóla temporada. Luego, Luisão prestó sus servicios a equipos paulistas medianos, como los Santo André, Central Cotia y São Caetano. Por fin, para cerrar su carrera a los 41 años, ese excepcional artista trabajaría en el Esporte Clube São Bento, de Sorocaba, donde empezó su trayectoria.


Pero, el crack no vivió alejado del balón mucho tiempo. Fue el técnico del São Bento, además de otras experiencias en esa función con el Sãocarlense y el São Caetano, todos en el interior de São Paulo. Fue también técnico adjunto del Atlético de Madrid, con que mantiene aún grandes lazos. Y repartió y reparte cursos en numerosas escuelas de fútbol.
Fuente: Antonio Falcao

2 comentarios:

fernando dijo...

Uno de los mejores jugadores de la historia del At.Madrid. Verle jugar debió ser un placer, lástima yo era muy niño cuando estaba en el Atleti. un abrazo.

Anónimo dijo...

para Fernando: aqui un culé. Era, con perdon, la hostia. Uno de los mejores libres de la historia del futbol. Eficaz, elegante, hiper tecnico, siempre sonreia...una especie de Ronaldinho pero en defensa. Hoy en dia seria de los que valen 80 millones de euros. Yo, al menos no recuerdo a ninguno mejor, a excepcion de Beckenbauer claro. Un saludo.

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