Zizinho: el maestro Ziza

En la ciudad de São Gonçalo, estado de Río de Janeiro, hacía de todo para ayudar a la familia comandada por la madre, viuda y enfermera. Con rasgos de índio y físico espigado, se fue al Carioca Football Club, dijo que era hijo de un ex-presidente y pidió jugar con los juveniles. Un director le hizo rellenar una ficha de jugador donde podíamos leer: Thomaz Soares da Silva, nacido allí mismo en el municipio, el 14 de septiembre de 1921, y con el curso primario concluido. Cuando ese dirigente le dijo "está bien, Thomaz...", el chaval corrigió:
- Thomaz, no. En el campo, yo soy Zizinho.
- Vale, Zizinho. Mañana, el entrenamiento es a las siete, vamos a hacer un ensayo...

Ni ensayo hizo falta: él sabía todo de balón y allí jugó hasta los 16 años, cuando -para trabajar en la empresa estatal de navegación Lloyd Brasileira- se fue a vivir en Niterói, entonces capital del estado de Río. Se acomodó en la ciudad ingresando en el Byron, el equipo donde se revelaría. Eso ocurrió en partido del conjunto local que, en el campo de Caio Martins, enfrentaba al Fluminense carioca. A los 17 años, Zizinho fue el mejor del partido, marcó un gol y dio el pase del empate. Entonces, con el trasbordador de la Cantareira sirviendo de mensajero su nombre encontró eco en el oído ávido de fútbol de la entonces capital federal, instalado en la maravillosa ciudad de Rio de Janeiro. ¡Y vaya invitaciones! Pero él era hincha del América y fue a Campos Sales con el afán de ser visto. Allí, sin embargo, escuchó que el equipo no necesitaba medio derecho y tampoco alguien con su tamaño: 1,68m. Sin frustración, el astro del Byron hizo un ensayo en el São Cristovão. En Figueira de Melo, iluminó pero saldrá lesionado, pues Afonsinho -mediocentro izquierdo del equipo de São Cristóvão y de la selección de Brasil en el Mundial de 1938- por los tantos dribles que sufrió, le destruyó el pie sin piedad. Menos de un año después, a finales de 1939, Zizinho se lució en la Gávea, reducto inexpugnable del técnico Flávio Costa y de la pasión popular. Al firmar con el Flamengo a los 18 años, tendría tres veces el salario de la Lloyd. Y así su familia pasó a vivir mejor, mucho mejor.

En el equipo primero del Mengo él sólo se estrenó en vísperas de navidad, contra el Independiente argentino. Y ese día todos vieron que en la Gávea, además de Leônidas da Silva, el "Diamante Negro", había otra piedra preciosa. Tanto que Zizinho se volvería el crack más refinado que Brasil conociera. Era una nueva versión de Romeu Pellicciari, con el arte de Tim, el pase de Jair Rosa Pinto, la rapidez de Leônidas, la clase de Heleno y el mar de atributos que -diez y ocho años más tarde- caracterizaría Pelé.

En el Fla fue tricampeón del Campeonato Carioca (1942-1943-1944). Antes, el pueblo ya lo había definido como "Maestro Ziza". E hizo honor a la cátedra en la selección carioca y en la selección nacional en los Campeonatos Sudamericanos de 1942, 1945, 1946, 1949 (en éste, ganó el título), 1953 y 1957. Sin contar torneos en que honró al País, siendo visto en el mundo como el mejor jugador de su tiempo.

La valentía fue otra de sus armas. La utilizó alguna vez en contra de sus intereses porque, pequeño y frágil, para detenerlo, los defensas se echaban encima de él. No pudiendo evitarlos siempre con regates o fintas de cuerpo, Ziza se afrentaba a ellos en legítima defensa. Así ocurrió en el estadio de Pacaembu, en 1942, en una lucha contra un defensa. Éste le aplicó una entrada brutal y el Maestro saltando, cayó encima de su pierna que resultó rota. El tal jugador recurrió a la Justicia, Zizinho fue condenado pero eludió la prisión. Por eso, en São Paulo, era considerado como desleal. Y, cuando tocaba la pelota, la gradería gritaba: Es ese... Es ese... grito de guerra que la afición del Vasco copiaría después. Ziza tuvo también la pierna fracturada en 1946. Entonces, sin procesar a quien lo agredió, quedó un año y medio en el yeso. Volvió a los campos aún mejor, mucho mejor.

Es cuando desgraciadamente fracasó en eso que era su apogeo: el Mundial de 1950. Un augurio de ello vino del Flamengo, con su venta al Bangu en vísperas del Mundial. Zizinho se sintió una mercancía y se entregó a la selección brasileña concentrada en la ciudad de Araxá. Allí, un ojo en las montañas serenas de Minas Gerais y el otro en el trofeo Jules Rimet, quiso borrar de su memoria la humillación sufrida en la Gávea. Sin embargo, lesionado, el Mundial sólo empezó para él en el tercer partido. En cual contra Yugoslavia hizo dos goles -uno anulado- y dio el otro a Ademir para cerrar el 2 a 0. Fue el mejor partido de su vida. Sería además el mejor en los otros tres partidos -inclusive en el revés contra Uruguay, cuando sólo él y Bauer jugaron como sabían. Al verlo salir del Maracaná llorando, amparado por el uruguayo Máspoli, los expertos lo eligieron la mayor estrella del Mundial. El reportero italiano Giordano Fattori lo comparó con Leonardo da Vinci. Tal vez, en la intimidad, Zizinho creía justo aquel 2 a 1, pues la selección de Brasil mudaba de táctica en cada encuentro -y así mismo perdió el último partido.


Ziza se quedó 7 años en el Bangu. Gracias a que el equipo viajaba a Europa -su nombre significaba más dólares en la caja rojiblanca. Y elogios musicales en los barrios que Ataulfo Alves, en Samba de Bangu, entonó así: "En el viejo deporte / tu fama no desliza / hubo Domingos da Guia/ sin hablar del Maestro Ziza". Como jugador del Bangu, fue al Campeonato Sudamericano de 1953, en Perú, y se enfadó con la dirección de la selección, que le quería hacer jugar lesionado. En Lima, el periodista debutante Armando Nogueira se acercó con Nilton Santos en el cuarto que éste compartía con el Maestro, un nido de águilas. Allí, temblando de frío, Ziza los saludó. Luego, extrañándose de la presencia del periodista, Nilton dijo que Armando era amigo de confianza. Entonces sacó de debajo de la cama una botella de aguardiente y se sirvió generosamente tras haber ofrecido un trago a los dos. Al día siguiente, en la crónica que envió, Nogueira escribía: "Zizinho, muerto de frío, improvisa una hoguera en la habitación de la concentración". Así que a partir de los acontecimientos de ese campeonato sudamericano, el Maestro fue prohibido de volver a la selección -un absurdo revisado por Flávio Costa en 1955, dos años antes de la última aparición del crack en la seleção, donde jugó 54 veces y marcó 31 tantos.


Para ser campeón paulista en 1957, el técnico húngaro Bela Guttmann pidió a Ziza en el São Paulo -equipo de Canhoteiro quien, para el Maestro, fue mejor que Garrincha. Luego, a petición de su amigo Danilo Alvim, Zizinho jugó poco tiempo en el Uberaba, en Minas Gerais. Y en 1960 entrenó a su Bangu. De 1961 a 1962, se fue al Audax chileno para ser su entrenador pero acabó siendo jugador en Santiago, donde encerró su carrera. Alejado del balón, se recusaba a elegir el equipo de sus sueños. Sólo pidió que entrasen en el Pelé, Domingos, Leônidas y Nilton Santos -solamente...

Hoy, analizando los prodigios de épocas distintas, es comparable a Pelé, quien lo consideraba su mayor ídolo. Para el dramaturgo Nélson Rodrigues, cuando el Maestro pasaba, un balón decía al otro: Allí va Ziza... Y quien mejor lo definió sino Cláudio Melo e Souza: "Si los dioses concedieron la gracia del fútbol a Zizinho, el tiempo no lo alineó en la buena época". En Niterói, ese genial Thomaz Soares da Silva murió de infarto fulminante el 7 de febrero del 2002. Por todos sus méritos, será para siempre el símbolo del futebol-arte de Brasil. Y Zizinho siempre será elogiado.
Fuente: Antonio Falcao

1 comentario:

Mac Giver dijo...

Hola, q tal ?
Por el momento no hago más intercambio de link. No lo tomes a mal, no es nada en contra tuyo, sino que generalmente no quiero excederme en más de 20 enlaces en el blog por una cuestión de diseño.
Un abrazo...

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