Leônidas da Silva: el diamante negro

Sobre él hay absurdos y falsedades. En injuria, que se robó las joyas de una burguesa. En delirio, fue acusado por Niguinho -suplente en la selección de 1938- de venderse a Mussolini para no jugar la semifinal del Mundial. Hasta se le atribuye militancia política. Para la izquierda, que era del Partido Comunista do Brasil (votó a Yedo Fiúza, candidato del PCB a la presidencia de la República, en 1945 "porque soy un hombre del pueblo", dijo. Los cracks Danilo y Tesourinha también preferían la comuna; mientras que Heleno de Freitas votó para el militar Eduardo Gomes). Para la derecha en 1941, en el auge de las tinieblas de la dictadura Vargas -para huir de una multa- habría escrito: "Gracias a Dios en cualquier parte del territorio nacional, y don del Estado Nuevo, que tantas felicidades da a Brasil, se vive ya en un ambiente de total libertad y claridad" -texto bien elaborado para un futbolista.

Pese a todo, lo más notable sobre Leônidas da Silva -carioca de São Cristóvão, nacido el 6 de septiembre de 1913- es que él fue uno de los más festejados ídolos del planeta fútbol. Y su perfil de estrella se escribió desde la escuela primaria, en la suburbana y pobre Ponte dos Marinheiros, en Río de Janeiro. Allí, en el claro del arenal playero, contrastaba su piel de tinta negra. Y la blancura de los dientes del niño Leônidas se confundía con la de estas arenas.


A los 13 años, ya en el gimnasial, fue llevado por su padre adoptivo al juvenil de São Cristóvão -en esta época, moría su única hermana, Aristotelina, mayor que él. Como el equipo era amador, se fue a Havanesa, Sul-Americano y Barroso, que le pagaban premio en dinero. A los 17 años, jugó en el Sírio-Libanês, donde el técnico Gentil Cardoso dirigía. En seguida, con el entrenador, fue transferido al Bonsucesso, ganando en la ocasión una insignificante gratificación, además de dos pares de zapatos y dos elegantes trajes escogidos en la tienda de un dirigente del club.


En el Bonsucesso exhibió un fútbol fino y atizó a los dirigentes de clubes. Fue al seleccionado carioca e hizo goles en los Campeonatos Paulistas, liderados por Friedenreich en 1932. Después, vino la convocación en la selección nacional para enfrentarse a Uruguay. En 1933, en el Peñarol de Montevideo, ganaría un soberbio sueldo y el epíteto de "Diamante Negro". Sin embargo, sin éxito, y con insistentes lesiones de rodilla, que privaron la hinchada uruguaya de ver lo que el negrito Leônidas sabía hacer mejor: jugar al balón. Y bien vestido y afortunado, volvió al País.


En Río, se alquiló por tres meses al Vasco, el tiempo necesario para conquistar el título del Campeonato Carioca de 1934, al lado de Fausto y Domingos da Guia. Este año, jugó el Mundial en Italia, y marcó el único gol de Brasil, derrotado por España. En 1935, inundando el Botafogo de talento, ganó otra vez el Campeonato Carioca. Y, al año siguiente, no hubo otra salida: el Flamengo se llevó el negrito de dientes blancos de Ponte dos Marinheiros para ser la atracción principal en la Gávea.


Allí, se hizo un dios. Y en 1937 se unió a Lourdes, con quien hizo un hijo que vivió sólo tres años, "su dolor más grande", según Domingos da Guia. Pero ese dolor no le inhibió una bondad más humana que el perdón: en 1938, sensible al drama de Fausto, recaudó fondos para el tuberculoso. Ese sería el mejor año de Leônidas: el del Mundial de Francia, del cual salió máximo goleador con ocho tantos. Hasta ahora, ningún jugador había sido tan amado en Europa. Con sólo 1,65m de altura, el "Diamante Negro" se hizo "Hombre de Goma", regalando malicia, rapidez, sentido de la colocación y regate. Sobre él, un periodista de Paris Match escribió: "Acabo de asistir al partido de los brasileños... Cuando Leônidas hace un gol, uno piensa que sueña, se frota los ojos. Leônidas es la magia negra".


En Brasil -y por primera vez en el fútbol-, aprovechó publicitariamente su imagen, promocionando jugo de guayaba, cigarillos y chocolate con su nombre. En 1939, ofreció el Campeonato Carioca al Flamengo. Y en 1941 pasó ocho meses en la prisión de la Vila Militar por culpa de un alistamiento falsificado (exactamente en este momento, los 18 años de Zizinho -Thomaz Soares da Silva- ya centelleaban en el cielo de los astros de la Gávea). Saliendo de las rejas del ejército brasileño, y con un legado de 142 goles en el rojinegro, el "Hombre de Goma" fue vendido al São Paulo Futebol Clube. Y a un precio alto para alguien con 29 años -"algo viejo y con la rodilla podrida"- como decían las malas lenguas.


La capital paulista le acogió y en el estreno del estadio de Pacaembu, 70.000 personas fueron a verlo. Gracias a él, el São Paulo ganó los Campeonatos Paulistas de 1943, 1945, 1946, 1948 y 1949, y agradecido, el club le guardó siempre en su corazón. Con la seleção, Leônidas ganó la Copa Rocca de 1945 y el Sudamericano de 1946, en Paraguay, donde una sóla vez fue alineado con Tesourinha, Zizinho, Heleno y Ademir, el ataque del siglo XX. Ese año, Brasil tuvo una constitución democrática. Y con la patria en paz, en 1950, dio casi por terminada su gloriosa carrera.


Leônidas quiso ser técnico pero su temperamento lo impidió. De entrenador asistente, se fue a Europa en 1953, con un combinado São Paulo-Bangu, donde tuvo roces con Zizinho. En Liège, exigieron que jugase para alegrar a los belgas, que no lo habían visto desde el Mundial de 1938. Ese partido sería su última aparición como profesional.


Antes de dejar el balón, Leônidas da Silva tuvo un empleo público, luego lo hicieron comentarista deportivo de radio y tele. Enviudando, se casó con Iracema y más tarde con Albertina, que le acompañó hasta la vejez. En el Mundial de Suecia de 1958, como comentarista, pidió a gritos a Pelé en lugar de Dida, el gran mediapunta de Flamengo. Y cuando el "Crioulo" se volvió "Rei", Leônidas dijo: "Fui mejor que él". Pero da Silva se mantiene circunspecto en cuanto al origen del gol de bicicleta (chilena), su marca de la casa en el fútbol. "Antes de mí, no vi nadie hacerlo" (de hecho, esa jugada acrobática fue introducida por un chileno, en los años 20).


El "Diamante Negro" se jubiló en los años 80, ya con problemas de memoria y alternando los sufrimientos del mal de Alzheimer y de la diabetes. Y se lo llevaron a una clínica geriátrica. A partir de lo cual, él se olvidó de sí mismo. Sin embargo, el Brasil no lo olvidará: André Ribeiro le hizo una honesta biografía. Él se lo merece. Y también lo que él mismo, Leônidas, predijo: "Mi historia será una historia para ancianos y adultos, y tendrá las tintas reales de una existencia intensa, honrada y digna".


El "Diamante Negro", también "Hombre de Goma", abandonó el escenario del fútbol bonito, el 24 de enero del 2004, a los 90 años.
Fuente: Antonio Falcao

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