Teófilo Cubillas: sólo belleza

Elegancia, belleza, ataque y goles, Teófilo CUBILLAS fue un símbolo del fútbol ofensivo y creativo en los años 70, con su mágnifica actuación con Perú en el Mundial 70 al lado de Chumpitaz, Gallardo y Sotil, con quien regalaba paredes de mucha creatividad, espontaneidad y sorpresa.

En cuartos de final del Mundial 1970, fue un recital de paredes... por una parte Pelé y Tostao y por otra Cubillas y Sotil. Sólo nos recordamos el resultado 4-2 a favor de un inmenso Brasil que ganaría dicho mundial de calle. Ese día, ni tuvimos tiempo de gozar de tantas artes en la área que los dos equipos nos ofrecían. Cada dos minutos había un intento de un lado o de otro. La alternativa era permanente, como si Cubillas y Pelé se habían citado a un encuentro histórico. Este día Brasil ganó a Perú pero no podemos decir que Pelé ganó a Cubillas. Los dos se quedaron felices de tantas bellezas que se echaban a la cara con sonrisas, placer, con amistad y amor a la pelota y a la jugada colectiva o individual.

Cubillas, nombrado mejor fútbolista sudamericano en 1972, empezó entonces sus andanzas universales. El frío y el incomprensible idioma del Basilea suizo, lo devolvieron tras 6 meses al FC Porto, donde fue adulado unos años. Es cuando, sin permiso, vuelve a Perú, a quien ofrece la Copa América 1975, y a su Alianza de Lima natal, dos campeonatos seguidos, donde, con Sotil, dibujarón un fútbol sútil y feliz, paredes inéditas, para ellos mismos, los compañeros, su club y los aficionados... Sólo belleza en Lima. Santiago Bernabéu, ante tal milagro del fútbol no dudó en reconocer en 1976 que "se había equivocado en no fichar a estos dos maravillosos, geniales y extraordinarios jugadores que eran Cubillas y Sotil".

Teófilo Cubillas jugó hasta los 40 años cuando decidió en 1988, ayudar el Alianza de Lima a reconstruir su historia después del trágico accidente aéreo que costó la vida a toda la plantilla. Acabó carrera en 1989 en Fort Lauderdale en EEUU, donde ahora anima sus academias de fútbol de Miami y Nueva York, donde enseña a los niños la belleza del manejo de la pelota y las artes y sutilezas que sorprenden a los jugadores "académicos".

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