Didi

Los periodistas lo consagraron como el mejor creador de juego del Mundial del 58.

Él fue el eje de la selección brasileña. Cuerpo enjuto, cuello alto, erguida estatua de sí mismo, Didi parecía un icono africano plantado en el centro de la cancha. Allí era dueño y señor. Desde allí, disparaba sus flechas envenenadas.

Él era el maestro del pase en profundidad, medio gol que se hacía entero en los pies de Pelé, Garrincha o Vavá, pero también hacía sus propios goles. Disparando desde lejos, engañaba al arquero con la folha seca: lanzaba la pelota con el perfil del pie y ella salía girando y girando volaba, daba volteretas y cambiaba de rumbo como una hoja seca perdida en el viento, hasta que se metía entre los palos por el ángulo donde el guardameta no la esperaba.

Didí jugaba quieto. Señalando la pelota, decía:


- La que corre es ella.

Él sabía que ella estaba viva.
Fuente: Eduardo Galeano

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