Friedenreich

En 1919, Brasil venció a Uruguay por 1 a 0 y se consagró campeón sudamericano. El pueblo se lanzó en las calles de Río de Janeiro. Presidía los festejos, levantada como un estandarte, una bota embarrada, con un pequeño cartón que proclamaba: "El glorioso pie de Friedenreich". El día siguiente, aquella bota que había hecho el gol de la victoria fue expuesto en la vitrina de una joyería en el centro de la cuidad.

Arthur Friedenreich, hijo de un alemán y de una lavandera negra, jugó en primera división durante veintiseis años y nunca recibió un centavo. Ninguno hizo más goles que él en la historia del fútbol. Marcó más dianas que otro gran artillero, Pelé, también brasileño, que fue el mayor goleador del fútbol profesional. Friedenreich sumó 1.329. Pelé, 1.279.

Este mulato de ojos verdes fundó el modo brasileño de jugar. Rompió con los preceptos ingleses: él, o el diablo que se metía en la planta de su pie. Friedenreich llevó al solemne estadio de los blancos la irreverencia de los chavales color café que se divertían disputando una bola de trapos en los suburbios. Así nació un estilo, abierto a la fantasía, que prefiere el placer al resultado. De Friedenreich en adelante, el fútbol brasileño que es brasileño de verdad no tiene ángulos rectos, al igual que las montañas de Río de Janeiro y los edificios de Oscar Niemeyer.
Fuente: Eduardo Galeano

1 comentario:

Eduardo Líneker dijo...

Aunque las estadisticas estaban comenzando, este jugador ha sido uno de los mas grandes de la historia, merece un reconocimiento especial.
Saludos.

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