
Adolfo Pedernera había sido el eje de "la Máquina" de River. Este hombre orquesta ocupaba todas las posiciones, de una punta a otra de la línea de ataque. Desde atrás, generaba juego, metía pases por el ojo de la aguja, cambiaba de marcha, sorprendía en el pique; adelante fulminaba arqueros.
Las ganas de jugar le hacían cosquillas en el cuerpo. No quería que los partidos terminaran nunca. Cuando caía la noche, los funcionarios intentaban, en vano, echarlo de los entrenamientos.
Querrían arrancarlo del fútbol, pero no podían, porque era el fútbol quien se negaba a desprenderse de él.
Fuente: Eduardo Galeano
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