El fantasma de Fontaine

Aún me acuerdo: el 19 de junio de 1958, cuando las selecciones brasileña, francesa, sueca y alemana se plantaron como semifinalistas del Mundial de Suecia, yo escuché alguno decir con temor: "De esas, sólo Francia puede vencernos. En ella está Just Fontaine, delantero centro hábil y goleador nato. Eso, claro, además de Kopa y Piantoni, astros tan brillantes como los nuestros". Para nosotros, adolescentes de Campo Grande -apacible barrio de la ciudad de Recife-, el comentario fue una amenaza y Fontaine (ya con ocho tantos en sólo cuatro partidos de los bleus en aquel Mundial) pasó a aterrorizarnos como si se tratara de un fantasma. Ese miedo duraría hasta el martes, el 24 de junio, fecha en que Brasil y Francia decidirían cual de las dos selecciones llegaría en el último partido del torneo.

A la espera del día D, y gozando de la vacaciones escolares de junio, jugábamos partidillos. Al principio de esos juegos, sólo uno de mis amigos presumía ser Fontaine -puro ejercicio del imaginario juvenil. Pues desconocíamos el bonito fútbol francés de entonces, y de Francia apenas sabíamos algo de Brigitte Bardot (musa de nuestra libido ardiente), de Gaulle, del colonialismo y de la nouvelle vague del cine. Peor: hasta tuve pesadillas de terror ante las arrancadas fulminantes de Just. Y, los días pasando, vi surgir varios otros "Fontaine" entre mis compañeros de partidillos, todos sufriendo ataques de ansiedad. Aunque sea cierto que la mayoría de los chavales se suponían Garrincha, Pelé, Didi o Gilmar -y yo, por ejemplo, pretencioso y sin éxito, quería ser Nilton Santos).

El martes, sorpresa, oí por la radio que Vavá marcó un gol a los 2 minutos, y lloré de alegría. Pero mi ánimo se derrumbó a los 9 minutos, pues él -justo él, el espectro y verdugo mayor, Fontaine- igualó el marcador detonando su fusil de caza, era el primer gol que Gilmar encajaba en el Mundial. Recordé los fracasos de 1950 y 1954 y me volvió a la cabeza aquella opinión de la revista France Football: "Brasil posee grandes estrellas, pero... son excesivamente temperamentales e inmaduros... para una confrontación de tal nivel". Sin embargo, para el infortunio de los franceses, a los 34 minutos, en un choque violento con Vavá, el capitán Jonquet, cerebro de la defensa, se rompió el peroné y volvió al campo casi inmóvil, ya que en la época no eran permitidas las sustituciones. Entonces, con los bleus mermados, Didi rompió el empate y en la segunda parte, Pelé hizo tres goles, sólo dejando a Piantoni marcar el suyo cerca del final. La lesión de Jonquet desorientó este equipo creativo y solidario, con juego artístico y alegre, que bien merecía otro destino -ah, si la historia pudiese ser rescrita... El resto es un cliché: el sábado, Francia terminó tercera al ganar a los alemanes por 6 a 3 -con cuatro goles de Fontaine, que llegaba a la cifra inigualable de 13 tantos (ocho del pie derecho, cuatro del izquierdo y uno de cabeza) en un Mundial de fútbol. Y el domingo, 29 de junio, nosotros fuimos consagrados campeones mundiales por primera vez, venciendo a Suecia, también por 5 a 2.
Fuente: Antonio Falcao


Brasil x Francia (semifinales del Mundial de 1958)

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